OPINIÓN RONALD MUÑOZ

Cualquiera que ande en la calle
sabe que no miento, en todos lados, gente de todas las tendencias, se queja de
los precios de los productos.
La estrategia del gran capital
contra nuestro país es clara: destruir nuestra economía para que el pueblo se
torne contra el gobierno.
Es mejor advertir esto ahora para
evitar males posteriores que quedarse callado y que luego ocurra lo que nadie
desea.
Si hemos aguantado es gracias a
las políticas sociales del Gobierno Revolucionario que hacen llevadera la
situación, pero aun así, si la inflación continua creciendo esto se tornaría
insoportable: es fundamental y necesario detener la inflación y desarrollar la
producción nacional para abaratar los precios.
RECETA CLÁSICA DEL PENTÁGONO
La estrategia de destruir la
economía de un país no es algo nuevo. Por el contrario, se trata de una receta
clásica del Pentágono contra gobiernos que se declaran en rebeldía ante sus
miserables políticas imperialistas. Lo hicieron en Centroamérica durante las
revoluciones del siglo XX al igual que lo hicieron en Chile durante el gobierno
de Salvador Allende.
Se trata de la misma formula: el
gran capital bombardea desde afuera destruyendo la economía nacional, mientras
sectores de la burguesía acaparan productos generando escasez que a su vez
genera más inflación.
Todo esto es públicamente
conocido en la actualidad, documentos públicos del senado de Chile y de
instancias gubernamentales y académicas del propio Gobierno de Estados Unidos
confirman la existencia de tales estrategias.
El resultado de esto es efectivo:
por un lado genera un profundo malestar en la población que la convierte en
presa fácil a cualquier incitación política dirigida a un estallido social.
Pero eso, además, confunde y merma la moral de quienes apoyan al gobierno restándole
capacidad de respuesta.
Burguesía venezolana: apátrida e incapaz
La miserable burguesía nacional
es la principal responsable de esta situación.
En Venezuela tuvimos la mala
suerte de contar con una burguesía apátrida e inútil, a diferencia de países
cercanos como Brasil o Argentina. Mientras allá, este sector soñaba con ver a
su país convertido en potencia, aquí en Venezuela, lamentablemente, se
desarrolló un empresariado parásito, servil a los designios de intereses
económicos extranjeros. De esta forma, las familias económicamente más
poderosas en nuestro país se dedicaron a comprar franquicias extranjeras,
importar todos los productos manufacturados, e invertir solamente en áreas como
bienes y servicios, es decir: nada que generara desarrollo real para nuestra
economía, ¡nada! No existe en Venezuela recuerdo en ninguna época de algún
consorcio privado nacional que instalara empresas nacionales para producir
productos manufacturados de ningún tipo, ni automóviles, ni televisores, ni
siquiera triciclos o radiecitos de bolsillo. ¿Por qué familias como los
Cisneros, los Zuloaga, los Capriles, los Machado o los Boulton jamás instalaron
empresas venezolanas de fabricación de manufactura de nada? Respuesta: sencillamente
porque no les dio la gana, porque capital para eso siempre han tenido y siguen
teniendo pero su prioridad nunca ha sido convertir a Venezuela en país
desarrollado, por el contrario, no deseaban ni desean contravenir los intereses
de sus socios y jefes del gran capital transnacional.
Lo mismo pasó en el ámbito
agrario, sector en el que una gran clase terrateniente se dedicó durante
décadas a mantener tierras ociosas en todo el país, sin la menor intención de
producir nada. Ahí están las estadísticas: Venezuela siempre ha importado la
mayor parte de los alimentos.
Ahora se llenan la boca diciendo
que este Gobierno “destruyó el aparato productivo” de la nación, como si alguna
vez ellos hubieran intentado producir algo.
¿QUÉ ESTÁ HACIENDO INDEPABIS?
Pero otro punto del problema es
la cadena de distribución y venta, todos inmersos en este momento en una gran
andanada especulativa que aumenta los precios de todo sin ninguna
justificación. Cito dos casos: los huevos y las motos chinas.
Los huevos han subido enormemente
de precio a raíz del ajuste cambiario, casi el doble de precio. Uno se
pregunta, ¿hay algo que realmente justifique el aumento de un producto como el
huevo? ¿acaso usan fertilizantes importados para las gallinas? ¿acaso las
gallinas cobran en dólares?
Las motos chinas. Y hago la
diferencia con las japonesas porque nosotros tenemos convenio económico con
China, de manera que si una moto japonesa sube de precio se entiende un poco
por algunos factores, pero usted va importar una moto china al detal y le dicen
que no porque aquí hay empresas a las que se les están asignando dólares para
eso, luego vas al concesionario de motos chinas y cada mes suben mil o dos mil
bolívares y te dicen que es por el “dólar” ¿por qué? ¿acaso no les asignan
dólares de Cadivi para eso? ¿acaso no tenemos un convenio con China?
En casos como los dos anteriores
y muchos otros uno se pregunta, ¿donde está Indepabis?, ¿por qué no se ataca el
tema especulativo? Es necesario dar respuesta en este sentido al pueblo.
SEGUIMIENTO A LAS POLÍTICAS DE DESARROLLO
Mientras para algunos el problema
está en el precio del dólar, la realidad es que el problema está en que aún no
hemos logrado desarrollar la soberanía alimentaría e industrial.
Ojo, en el marco del proceso
revolucionario hemos tenido un notorio avance en el campo de la manufactura,
Venezuela en este momento produce artículos como automóviles, celulares o
tractores. Tal cosa era impensable hace tan solo 20 años. Todas estas políticas
de desarrollo además han caminado de la mano de la acertada política de
transferencia tecnológica, impulsada únicamente por este Gobierno en toda la
historia de nuestro país.
Pero lamentablemente la falta de
seguimiento a muchas políticas de desarrollo dejaron en el camino iniciativas
importantes. Esta falla fue admitida por el propio Comandante Chávez luego de
su victoria del 7 de octubre. Misión Che Guevara, Misión Vuelvan Caras o el
impulso a las cooperativas han sido algunas de las políticas gubernamentales
dirigidas a nuestro desarrollo industrial, que por falta de seguimiento adecuado
quedaron en el recuerdo.
El problema es que antes si
cometíamos un error estaba el megaliderazgo del Comandante que garantizaba el
apoyo del pueblo, en este momento no tenemos esa ventaja, de manera que solo nos
queda la eficiencia máxima.
Es necesario un plan de
emergencia en materia productiva que en poco tiempo pueda garantizar la soberanía alimentaría y también, de manera progresiva la soberanía industrial.
Eso es posible y más a luz de lo que representa para Venezuela el Mercosur.
Sabemos que el alto Gobierno está trabajando en eso y también sabemos que
tenemos gente capaz, que trabajando conjuntamente con el Gobierno, con el Poder
Popular, el ámbito académico revolucionario y el sector obrero, es posible
contrarrestar esta arremetida del gran capital transnacional contra nuestro
país. No escatimemos esfuerzos, el futuro de la Patria depende de ello.
ILUSTRACIÓN ETTEN CARVALLO
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